Cómo fue escribir A las puertas de Numancia

¡Hola de nuevo!

He pensado que sería bonito contaros cómo fue escribir A las puertas de Numancia. Y, puesto que me encantan las listas, ¡voy a hacerlo con una lista!


1. La inspiración. Mientras estudiaba la carrera (Historia), uno de mis mejores profes (¡hola, Paco!) nos habló del choque entre la sociedad celtíbera y la romana. Entonces pensé que sería estupendo poder escribir una novela acerca de ese conflicto. Pero os confesaré algo: inicialmente, la protagonista no iba a ser una romana, sino… ¡una feroz guerrera celtíbera! Incluso la dibujé en mis apuntes mientras el profe nos hablaba de otras cosas (lo siento, Paco).

Sí, mi protagonista iba a ser más o menos así.

2. Primer obstáculo. Pasó el tiempo y la idea siguió en mi cabeza, pero tenía una licenciatura y unas oposiciones que estudiar y no me puse manos a la obra hasta varios años después, cuando decidí dedicarme unos meses sólo a escribir novelas. Entonces empecé a documentarme sobre los celtíberos y me di cuenta de que casi todas las fuentes antiguas que hablaban de ellos eran… ¡romanas! ¿Cómo iba a ponerme en la piel de una mujer celtíbera si los celtíberos no habían dejado nada escrito para mí? (Qué desconsiderados, oye.)

¿Has visto, Cayo? He escrito que los celtíberos son unos brutos y no se lavan, je, je, je. Seguro que ahora todos piensan que nosotros somos los buenos.

3. Cassia. No me quedó más remedio que cambiar de protagonista. Y así fue como nació Cassia, mi joven aristócrata romana. Pronto me entusiasmé con la idea de narrarlo todo desde su punto de vista; después de todo, ella iba a ser una persona civilizada conociendo a un montón de salvajes, ¿no? (Spoiler: ¡No exactamente!)

¿Y la paciencia que tiene esta buena mujer?

4. Indagación en las fuentes. Bien, ya tenía claro que mi aristócrata romana acababa en Numancia: sólo necesitaba encontrar el cómo. Así que, además de buscar información sobre los celtíberos, tuve que leer acerca de la sociedad romana, el comercio griego… En definitiva, traté de empaparme de la época en la que iba a transcurrir la acción.

Naturalmente, sólo consulté fuentes verdaderamente rigurosas.

5. Visita a Numancia. Pero no todo iba a encontrarlo en los libros, así que puse la misma cara que el gato de Shrek y conseguí que mi bárbaro particular novio me llevara al yacimiento de Numancia. (En realidad, hubiese bastado con proponérselo, pero a mí me gusta dramatizar, ¿vale?) El caso es que allí conocí a Miriam y Diana, que se ofrecieron amablemente a echarme una mano con el resto de la documentación de la novela (¡y por eso las he incluido en los agradecimientos!).

La visita merece la pena.

6. Leukón. Estaba yo recorriendo el yacimiento cuando vi un monumento en honor a los héroes de Numancia y el nombre de Leukón se me quedó grabado. Pero no encontré gran cosa sobre este buen hombre, así que decidí tomarme la libertad de imaginármelo. (Adiós al rigor histórico. Lo siento otra vez, Paco.)

Leukón arreglando sus desavenencias con los romanos.

7. Proceso de escritura. A partir de aquí, seguí mi proceso de escritura habitual.


¡Y esto es todo por hoy!

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