¿Atascado/a con tu novela? 3 trucos que podrían ayudarte

¡Hola!

Esta semana he decidido hacer un post muy práctico.

Como varias personas me han comentado que estaban atascadas con sus respectivas novelas, he pensado que podría ser interesante compartir algunos de los trucos que yo uso para superar ese bloqueo al que todo/a escritor/a se enfrenta en algún momento de su vida.

Tú (o yo) mirando el documento de Word.

Mis trucos se adaptan a diferentes momentos del proceso creativo.


Caso #1: Estoy atascado/a porque… tengo una idea y no sé cómo darle forma.


Truco #1: El personaje que te cuenta su vida


Aunque ya hablé brevemente de cómo convertir una idea en un argumento, hay un truco que utilizo mucho últimamente y me está dando buenos resultados. ​(​Iba a llamarlo «El personaje que te cuenta ​una movida de hace mogollón de tiempo»​, pero quedaba un poco largo.)​

​La idea es la siguiente: tú coges a uno de los personajes de tu historia, ya sea el/la protagonista o un personaje secundario, le sumas entre cincuenta y setenta años, lo sientas en una mecedora junto al fuego (o algún otro sitio agradable, que el/la pobre ya está mayor) y haces que te cuente… la novela entera.

Parece raro, ¿verdad? Bueno, es que es un truco bastante raro.​ Pero a mí me funciona.

«Escúchame, jovenzuelo/a, tengo cosas que contarte».

Para que lo veáis con un ejemplo, voy a usar ese truco con Calias, personaje de A las puertas de Numancia:

El anciano se acomoda en la mecedora*. Extiende los pies hacia el fuego y, por fin, deja escapar un suspiro de alivio. Sólo entonces parece recordar que hay alguien frente a él.

Alguien dispuesto a escucharle.

—No, nunca olvidaré aquel día… —Mira hacia el techo con aire soñador—. Avistamos la ciudad de Numancia desde los caballos, ¿sabes, hijo? Yo nunca había visto nada igual. ¿Cómo iba a saber que viviría los mejores años de mi vida tras esas altas murallas? Y Cassia… Mi salvadora… Mi madre. —En sus labios aparece una leve sonrisa—. Ella había venido desde muy lejos, desde Ostia, y sin pretenderlo. El endiablado barco de Alexis había arrancado a la pobre muchacha de su hogar y la había arrojado a los brazos de un bárbaro. ¡Un enemigo de Roma, nada más y nada menos! Y ahí estaba, tan sola como yo, igual de perdida, mirando la ciudad mientras subíamos la colina y sin unos dioses a los que pedir ayuda.

*Mirad, yo ya sé que en la Hispania del siglo II a. E. no había mecedoras, pero es que me gustan las mecedoras, ¿vale?

Quienes hayáis leído A las puertas de Numancia identificaréis bien este momento y veréis que Calias ha narrado prácticamente todo el principio de la novela en tan sólo unas líneas. ¿Para qué sirve esto? Pues para hacer la historia más real. Para que suene más épica. Para que vayáis rellenando los huecos. ¿Cómo se hace esto último? A ver, hemos quedado en que vuestro/a narrador/a es mayor, ¿no? Pues tendrá sus lagunas.

Por ejemplo, supongamos que yo estoy escribiendo esto cuando aún no tengo claro por qué Cassia termina en el barco de Alexis (no os lo cuento aquí porque sería un spoiler):

El anciano tose antes de proseguir:
—La pobre Cassia… vino en el barco de Alexis, el Quimera. La verdad es que no recuerdo cómo acabó allí, pero eso no importa…

Sí, sí, pobre Cassia. Aquí la vemos sufriendo una barbaridad. UNA BARBARIDAD. Je, je, je, ¿lo pilláis? ¡Él es un BÁRBARO! (Vale, ya me voy.)

Más adelante, cuando haya resuelto esa incógnita, puedo hacer que Calias recuerde cosas:

—¡Ah, ya lo tengo! —Calias se golpea la frente con la mano huesuda—. Fue porque…

En definitiva, este pequeño ejercicio narrativo puede ser una fuente de inspiración y una forma de concretar nuestra trama al mismo tiempo. (Pero no os vengáis arriba, que Patrick Rothfuss lo hizo y acabó con una trilogía y un spin-off.)

Kvothe y yo disputándonos el primer puesto de #CuéntameTusMovidas.

Caso #2: Estoy atascado/a porque… ya tengo la trama, pero empiezo a escribir y no me gusta el resultado.


Truco #2: El capítulo cero


¿Tienes planeada tu novela (o, si eres un/a escritor/a de brújula, sabes ya cuál es el punto de partida)​, pero empiezas a escribir y piensas que menuda patata ​​podrías hacerlo mejor?​

Q​uizá podrías probar a escribir el ​«​capítulo cero» de tu novela. ¿Qué es eso? Pues el capítulo que hay justo delante del uno.

Je, je, je, vale, sé que suena obvio, pero me refiero a que es un capítulo que no aparecerá en la versión definitiva de la historia, pero te permitirá zambullirte en ella y superar ese primer bloqueo.

Por ejemplo, el «​capítulo cero» de Harry Potter y la piedra filosofal nos mostraría cómo Hagrid recoge a Harry para entregárselo a Dumbledore o cómo los Potter se enfrentan a Voldemort, incluso. Esas dos escenas no aparecen en el libro, pero forman parte de la historia; si nosotros/as estuviésemos escribiéndola, nos podrían venir bien para familiarizarnos con ella.

Cualquier excusa es buena para mencionar a Hagrid. Me chifla Hagrid.

Caso #3: Estoy atascado/a porque… ya tengo el libro a medias, pero no me convence.


Truco #3: Volver a empezar


Ahora viene cuando a alguno/a le entran sudores fríos. ¿Volver a empezar? ¿DESPUÉS DE TODO LO QUE LLEVO ESCRITO?

Crisis.

A ver, recordad que yo sólo estoy compartiendo mi (corta) experiencia. Puede que os sirva o puede que no. La cuestión es que mi experiencia me dice que no pasa nada por volver a empezar una historia. En serio.​

Os cuento mi vida de nuevo:​

Con esto no quiero decir que haya que reescribir cada historia, ¡ni mucho menos! De hecho, lo mío es bastante exagerado.

Yo cada vez que decido reescribir una novela.

Sin embargo, creo que es bueno que nos quitemos el miedo a empezar de nuevo. Nuestro trabajo es escribir, no publicar; por tanto, cada página que escribimos cuenta. Independientemente de cuál sea su destino.

¿Vosotros/as tenéis más trucos? ¿Queréis compartirlos?

Comments: 2 replies added

  1. Kate 30 agosto, 2017 Responder

    ¡Vaya! No he probado ninguno de los dos primeros, tengo que intentarlos. En cuanto al tercero, al principio me asusté... y luego recordé que la última historia que terminé (y que estoy intentando publicar) la empecé tres veces de manera distinta. Así que doy fe de que funciona. Mis bloqueos suelen ser más raros (de hecho, me has dado una idea de qué puedo contar próximamente en mi página...) y creo que no tengo ningún truco específico. De momento, lo que se me ocurre añadir como consejo o idea es que, si tienes un beta-reader de confianza, hablar con él/ella puede ser una buena idea. No es ya por los consejos que te den, sino porque a veces al comentar tu problema en voz alta se te ocurre a ti mismo la idea. En otras ocasiones, lo mejor es dejar pasar un tiempo y releer lo que habías escrito. No siempre acaba bien, pero de cuando en cuando se necesita un descanso. ¡Saludos! :D

    • África Ruh 8 septiembre, 2017 Responder

      ¡Hola, bonita! <3 Lo de los/as beta-readers me parece esencial. No sólo por lo que pueden aportar como primeros/as lectores/as, sino también por lo que tú dices: hay veces que sólo necesitas formular con claridad el problema para encontrar la solución. (Je, je, je, ¿es posible que estemos justificando los rollos literarios que les metemos a nuestros/as seres queridos?) Dejar reposar los manuscritos también es un buen ejercicio..., aunque requiere una paciencia que no siempre tenemos. ;) ¡Gracias por comentar y mucha suerte con tus proyectos! <3

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